miércoles, 15 de octubre de 2008

Cuento que escribi

Para variar un poco el contenido de este decadente blog, hoy les traigo dos versiones de un cuento que escribi apurado para un trabajo de la universidad y para un concurso de cuentos. Está bueno esto de escribir apurado, porque así si algo me sale choto, puedo excusarme con eso. De hecho unas cuantas partes me salieron un tanto chotas, no hice lo que uno tiene que hacer para narrar bien una historia, no me releei muchas veces el texto ni nada. De todas formas, el concepto del cuento me gusta mucho y pienso trabajarlo más. 
Bueno aqui van las dos versiones que hice, la segunda es igual a la primera solo hasta la mitad, después cambia totalmente lo que sucede. Las criticas serán bienvenidas.

Seis oscuras cuadras

 

“Son la una de la mañana, estas calles por las cuales caminé una y otra vez, casi todos los días a lo largo de mi vida, hoy lucen extrañamente perturbantes. Por haber quedado dormido en el bus, me baje unas cuantas cuadras después de casa. La única compañía que tengo es el silencio del lunes de madrugada que es interrumpido ocasionalmente por el intercambio de ladridos entre perros callejeros y domésticos. Cuando era pequeño, antes de dormir, siempre escuchaba ladridos y me preguntaba porque estos canes sonaban tan furiosos en el horario donde todo el mundo duerme ¿A caso hay algo que todos ignoramos  de noche? No sé porque me hago estas preguntas tan raras, lo único que quiero es llegar a mi casa y tomar un poco para librarme de esta ansiedad, todavía faltan unas 6 oscuras cuadras, tengo que caminar más rápido. Antes de llegar a cada esquina  me pregunto si hay alguien ahí esperándome, alguien con peor suerte que la mía que debe luchar de cualquier forma para sobrevivir, siendo depredador de su propia especie. Mientras me acerco a la siguiente esquina escucho unas ruedas y veo a unos niños con una anciana buscando en la basura de las familias del barrio, rápidamente esquivo la vista y cruzo la calle. Al acelerar mi velocidad mis pasos se escuchan más fuerte, cada vez más fuerte, los ladridos comienzan a sonar extraños, como distorsionados. ¿Qué me pasa? ¿Será el cansancio? Cinco cuadras y ya voy a estar en casa. Los ladridos se callaron súbitamente, escucho una especie de zumbido, nunca antes escuché algo similar, creo que estoy entrando en desesperación. Tengo que sacar el seguro de mi arma, algo malo está por pasar. ¡Maldita inseguridad de país tercermundista!, ¡Está afectando mi salud mental!”. Los pensamientos del hombre cesan por un momento, el hecho de tener el arma en las manos le da más tranquilidad y una terrible sensación de poder. Mientras tanto, en su casa, una mujer está esperándolo en el comedor, con la cena recién preparada. La mesa tiene un mantel rojo y encima de esta se encuentran unas copas de vino acompañadas de velas. Hoy la cena va a ser especial.

“Cuatro cuadras más”, piensa el hombre.  Un joven de aproximadamente 17 años lo ve desde la siguiente esquina y huye al notar el arma. “Ese pendejo seguro que iba a robarme, me vio y se asustó. Que venga el que quiera, tengo unas cuantas balas para repartir” pensó y sonrió al mismo tiempo.

Cuando el hombre llega a la tercera cuadra, su celular rompe el silencio del barrio entero, el tono monofónico lo asusta y ocasiona que apriete el gatillo accidentalmente. Nervioso, pone el arma en el bolsillo y atiende el llamado:

-         “¡A la mierda!, me asustaste” exclama.

-         Una voz femenina responde: “¿Por qué no llegaste todavía?”

-         “Ya estoy por llegar, estoy enfrente de....”

-         “Callate y dame tu celular” dice una voz gruesa y ronca Está detrás suyo acercando un cuchillo a su yugular

Decide entregar su teléfono al asaltante, cuando este se aleja corriendo rápidamente con el botin, el hombre saca el arma y dispara tres tiros a la espalda del criminal.”Que hice?!” grita desesperado. En ese momento escucha la sirena de una patrulla de policía y empieza a correr a su casa, “Falta solo una cuadra, ¡No me van a agarrar!. Al fin llega a su casa, abre la puerta bruscamente y encuentra a la mujer, que muy preocupada pregunta: “¿Qué paso? Escuche unos disparos afuera”. El hombre sin responder, ve la copa de vino y va directamente a tomarla.  “¿Sabes que me entere del verdadero motivo por el cual llegas siempre tarde a casa? Ya no voy a aguantar que me maltrates y encima hagas eso” dice la joven echando unas lagrimas. “¡No! ¿Cómo?”. El hombre cae muerto, al fin y al cabo lo único que quería era llegar a su casa a tomar para sacarse la ansiedad de todo.


Seis oscuras cuadras (Versión Alternativa)

Son la una de la mañana, estas calles por las cuales caminé una y otra vez, casi todos los días a lo largo de mi vida, hoy lucen extrañamente perturbantes. Por haber quedado dormido en el bus, bajé unas cuantas cuadras después de casa. La única compañía que tengo es el silencio del lunes de madrugada que es interrumpido ocasionalmente por el intercambio de ladridos entre perros callejeros y domésticos. Cuando era pequeño, antes de dormir, siempre escuchaba ladridos y me preguntaba porque estos canes sonaban tan furiosos en el horario cuando todo el mundo duerme.  ¿A caso hay algo que todos ignoramos  de noche? ¿Por qué siento que los perros están ladrando a algo que ellos pueden percibir pero nosotros no? No sé porque me hago estas preguntas tan extrañas, lo único que quiero es llegar a casa y tomar un poco para librarme de esta ansiedad, todavía faltan unas seis oscuras cuadras, tengo que caminar más rápido.

Antes de llegar a cada esquina  me pregunto si hay alguien ahí esperándome escondido, alguien con peor suerte que la mía que debe luchar de cualquier forma para sobrevivir en este injusto mundo que lo convirtió en depredador de su propia especie. Mientras me acerco a la siguiente esquina escucho unas ruedas y veo a unos niños con una anciana que busca en la basura de las familias del barrio algo de utilidad para llevar en su carro, rústicamente construido con chapas oxidadas. Al notar mi presencia, la pequeña mujer levanta la cabeza y me mira a los ojos. Rápidamente esquivo la mirada y cruzo la calle. Al acelerar mi velocidad mis pasos se escuchan más fuerte, cada vez más fuerte, los ladridos comienzan a sonar extraños, como distorsionados. ¿Qué me pasa? ¿Será el cansancio? Cinco cuadras más y ya voy a estar en casa.

Los ladridos callaron súbitamente. Ahora escucho una especie de zumbido, nunca antes escuché algo similar. Creo que estoy entrando en desesperación. Tengo que sacar el seguro de mi arma, algo malo está por pasar. ¡Maldita inseguridad de país tercermundista! ¡Está afectando mi salud mental!

El zumbido también se detuvo. Ahora que llevo el arma en la mano me siento a salvo y un poco más tranquilo. No tengo nada de que preocuparme, nadie se atreverá a acercarse a mi.  Todas las noches este revolver me da la garantía de que voy a regresar a casa vivo y con mi dinero en la billetera. Esta temible arma de fuego la compré del mercado negro a muy buen precio, no sé que seria de mí sin ella. Por algún motivo que desconozco, siento una especie de cariño al observarla, como si se tratara  de una bella mujer que daría todo por mí.  

Me encuentro a pocos metros de la abandonada plaza del barrio. Ahí  suelen reunirse jóvenes marginales a consumir estupefacientes y a asaltar, con cuchillo en mano, a quien pase cerca. Por eso siempre evité caminar por aquí a estas horas, pero ahora no tengo opción. Mientras paso en frente me pongo más alerta, pero no veo a nadie ¿Estarán escondidos? El deteriorado alumbrado público muy poco ayuda a poder divisar a alguien en la plaza. Apunto con el arma hacia la parte más oscura para asustarlos por si estén ahí pero no veo que alguien se mueva.

No me siento bien, ya quiero llegar a casa, sólo faltan dos cuadras. Siento que están siguiéndome en la oscuridad silenciosamente. ¡Tengo que correr! Mientras corro vuelvo a escuchar ese infernal zumbido  ¡¿Qué me está pasando?!  “No corras, te temen tanto que nadie se te va a acercar” escucho que dice una voz.  Miro a mis costados y detrás de mí, no veo a nadie. “¿Nunca te fijaste si te faltaban balas en el revolver?” pregunta la voz.  “¿De qué hablas? Nunca dispare una sola bala con esta arma” le respondo y corro más rápido aún. Ya estoy a media cuadra de casa. Tengo mucho miedo ¿Quién estaba ahí? ¿Por qué no pude ver a nadie? El zumbido no se detiene, pero ahora es opacado por las sirenas de las patrullas de policía que se están acercando rápidamente a mí. Los automóviles se detienen frente a mí, los oficiales salen apuntándome con sus pistolas. Uno de los policías dice en el altavoz: “Suelte el arma, usted está arrestado por el asesinato de cinco personas” ¿Qué? Tiene que haber un error, nunca dispare esta arma, ni mucho menos maté a alguien. “Si nunca disparaste el arma ¿Por qué te faltan cinco balas?” escucho a la misma voz de hace rato. Reviso mi revolver. ¡Tiene razón! ¿Cómo es posible? “Yo dispare esas balas en el corazón de esos marginales de la plaza, no me ves porque estoy dentro tuyo” 



5 comentarios:

gAuLt dijo...

Sentí un poco de paranoia al leer esto, me recordó al barrio en algunas ocasiones me gusto mas el segundo desenlace

Kumori dijo...

si, el segundo fue más trabajado luego. Igual pude haber redactado mejor me parece.. está luego inspirada en el barrio :D

alexia mccartney dijo...

hay diferencias asi q llaman la atencion tipo q la version A esta en 3ra persona y la B en 1ra. la A muestra mas realismo y eso. aunke la B tb pero se da a notar mas la condicion del tipo, su estado psicologico; y esta mas detallada tb. yo no se de tu barrio jaja, pero a lo q te puedo decir q me hizo acordar de repente, la 2da version, es a the shining. o no defino si a nicholson en si luego, por la clase de personajes al q esta acostumbrado.

Francisco Tabakman dijo...

me recordo a una vez que me perdi cerca del cementerio del este a las 12 de la noche! :(

Muy denso en serio, que un escrito que despierte recuerdos es dificil che.

[Ka] dijo...

Me gusto más la segunda versión, y evidente que a causa de su trsnfondo sicológico.

Por cierto, ¡Hola!